lunes, 12 de diciembre de 2022

Ornamento, la vergüenza hipócrita de la modernidad “políticamente correcta”

 

                                                      Universidad Nacional de Colombia

                                                                                      

                                                                     Facultad de Artes                                                                                                                                                                    
Escuela de Arquitectura y Urbanismo

Teoría de la Arquitectura III | Juan Gilberto Moreno Buitrago


Ornamento, la vergüenza hipócrita de la modernidad “políticamente correcta”

El ornamento se suele asociar como la tendencia del decoro previo al movimiento moderno, donde este suele darle el carácter a las obras propias de esta práctica en la arquitectura. El decoro ornamental da identidad al edificio que se vale de este para tener complejidad compositiva y claro, no es solamente una intención decorativa sin sentido, al contrario, el decoro ornamental tiene un sentido que responde a su época, de forma exclusiva a esta, de lo contrario se incurriría en lo que diría Adolf Loos, en un crimen, crimen que nace en el momento de entender el ornamento como instrumento atemporal, donde este, pierde totalmente su carácter inherente y se convierte en una herramienta que satisface de forma errónea las intenciones decorativas de un edificio al que “no le queda” el objeto ornamental y tergiversando el significado innato y propio del ornamento, significado que se ha difuminado en un sinfín de interpretaciones superficiales que le han otorgado la mala fama de ornamento criminal, ornamento sin sentido en medio de la funcionalidad hipócrita del mundo moderno, que ha coartado las libertades individuales y le ha dicho al arquitecto como debe actuar.

El paradigma del mundo moderno nace en su intención de mecanizar todo objeto para darle el valor de utilidad, la intención de crear una sociedad mecánicamente funcional para garantizar la idea de calidad de vida ¡Qué contradictorio! Esto supone un enfrentamiento a toda intención que no sea funcional, la condena continua a las intenciones naturales de la propia naturaleza y el continuo juzgamiento a las intenciones emocionales del hombre que se ha inhibido ante los deseos dictatoriales del mundo moderno.

Esto supone de entrada que el mundo moderno y el arte a pesar de que tuvieron una relación estrecha, no se lleven del todo bien, las intenciones del arte que no se basan en la funcionalidad ni la mecanización entran en un conflicto de intereses con la modernidad arrolladora y arraigada a sus ideales nacidos de una moral creada por ellos mismos, una moral hipócrita y parcializada que cree ser dueña de la verdad y cree que ha creado algo que ya estaba hecho, simplemente que interpretó bajo condiciones propias, pero que jamás creo de la nada, como la modernidad suele creer. De allí viene la “renuncia” a toda intención ornamental, considerada por la modernidad como un objeto de simple decoro sin valor útil y pragmático, la condena continua y la criminalización del ornamento, que, si bien en si mismo es inútil, responde a una intención temporal y a un significado intencional propio de una época que necesitaba del ornamento como herramienta en sus composiciones y que significaba al ornamento más allá de un simple decoro inútil como la modernidad lo ha mostrado.

Es entonces que se pregunta ¿Cómo la modernidad convierte al ornamento en su vergüenza hipócrita? La modernidad operó con formas y composiciones excepcionales, dando como resultado una idea de arquitectura maestra y armónica, siguiendo de forma limpia los principios Vitruvianos y mejorando de forma clara la idea de habitar el espacio, pero difícilmente de apropiarse del mismo, como causa, la homogeneización de los valores compositivos que se convirtieron en un arma de doble filo y las constantes paradojas que se ciernen sobre la arquitectura moderna. Entre ellas, es el ornamento. El ornamento es el principal enemigo de la arquitectura moderna, como ya se mencionó, por su poco valor pragmático y funcional, es evidente que estorbaba en las concepciones del nuevo mundo, pero que bien las pasiones propias del nuevo mundo jamás se irían por muy novedosa que haya sido la modernidad, es entonces, que el ornamento se convierte en un objeto de deseo y rechazo por parte de la modernidad, que si bien, sus fachadas blancas y lisas, sus ventanas alargadas y ligereza demostraban a primera vista el desarraigo al ornamento, otras intenciones ornamentales muy sutiles se conservaban en la idea de arquitectura moderna, de forma muy tácita se hacían ver en las obras, como una reinterpretación de esta y con una evidente intención de mantenerla oculta o de simplemente cambiarle de significado, por la vergüenza que causaba y por la intención de conservar esa imagen impoluta y prístina que buscaba dar la modernidad, que lamentablemente la sumergió en un caos generalizado llamado la ciudad moderna.

Pero ¿Qué ornamento se ve en la modernidad? O más bien ¿Cómo se hace ver el ornamento en la modernidad y cómo lo resignifica? Bien, el ornamento se hace ver de maneras muy sutiles como un coqueteo disimulado a través de operaciones como la profundidad de la fachada, justificada funcionalmente como una operación de luz y sombra, la aplicación de texturas en el interior a través de distintas materialidades, la complejización del edificio a través de operaciones arquitectónicas camufladas en funcionalidad, se convirtieron en herramientas resignificadoras del ornamento, que si bien, no es visible a primera vista, se hace presente en la modernidad, que hipócritamente y con vergüenza trató de esconder debajo del tapete.  

                                Imagen tomada de: La "segunda reconstrucción" del Pabellón Mies van der Rohe de Barcelona | ArchDaily Colombia

                                               Imagen tomada de: Clásicos de Arquitectura: Unité d'Habitation / Le Corbusier | ArchDaily México



1 comentario:

  1. La contemporaneidad mira con desasosiego a la ornamentación y la generaliza y excluye, pero la misma termina utilizándola, como tu dices, con sutilidad, ¿a fin de que?. Es un debate inacabable en lo corrido de la historia, que contrapone ideas y no las buscas y si lo hace será solo por satisfacción personal, la temporalidad actual quiere contraponerse a su historia y mostrar que es la climax y la perfección de toda una constante evolución paradigmática, pero no es así, la modernidad solo es otro elemento más de un ciclo infinito entre ornamentación y austeridad. UN saludo

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