Karen Milena Villacorte Quenguan
EAU, Escuela de arquitectura y urbanismo
El
objetivo de esta entrada es lograr abrir una reflexión sobre la relación
interior-exterior en la arquitectura, el explorar, jugar con sus límites, sus
encuentros en esa unión tan difícil de conseguir y que es determinante para la
experiencia del usuario al momento de aproximarse desde un espacio al otro,
relacionado con nosotros mismos, nuestra
alma y cuerpo, y nuestra piel como intersección, como encuentro de dos mundos
que fluyen dispersos y se encuentran en este punto flexible donde chocan entre
si y a la vez se mezclan.

La piel es esa capa superficial con dos caras o movimientos que es capaz de dar lugar a un interior y al desplegarse constituye un exterior, denominándose experiencia al conjunto de ambos movimientos, siendo así, el elemento que se destaca para unir y separar. No podríamos ser sin piel, nuestros órganos se desvanecerían, una edificación sin piel solo seria una construcción con pilares. La envolvente es un límite que no se parece en nada ni a lo interior ni a lo exterior, pero toca a ambos lo cual hace que los separe configurando un todo, es la intermediaria entre interiores y exteriores unificados, cada vez más similares. Esta es una superficie coherente, sensata ante dos espacios que se fugan creando otros.
Suele ser mas común tener una piel más firme y transparente, más compleja y frágil, que intenta traspasar la barrera interior-exterior. En las edificaciones, las pieles se alejan cada vez más de lo que recubren. Tanto en el exterior como en el interior, donde los falsos cielos y suelos se alejan de sus soportes respectivos. Lo que implica una mayor distancia entre la estructura y nosotros, lo cual hace que estemos más alejados de la estructura original, más aislados de la relación cielo-tierra, interior-exterior.
De aquí
se deduce la importancia de los límites para que surja la arquitectura, límites que comuniquen interior con
exterior ya que somos seres que están en constante relación de nuestra interioridad con el entorno.
Antes se le daba una importancia al espacio interior como protagonista, sin embargo ahora pareciera que se confunde interior-exterior,
volviéndose los límites difusos para una arquitectura dotada de un carácter flotante
afín de
responder a las necesidades de las comunicaciones y permitir cambios temporales
en espacios donde se puedan llevar a cabo simultáneamente distintas actividades.
Álvaro Siza resalta la importancia entre interior y exterior y en controlar estas relaciones, pues es donde residen los límites. Un gran ejemplo es su museo Ibere Camargo, situado en la periferia, pero que difunde una acción artística íntima; una confusión de formas que parecen invitar a un interior.
Museo Fundación Iberê Camargo, Álvro Siza, 1998
Un ejemplo concreto es el arquitecto Alvar
Aalto quien se destaca por la articulación en espacios
intermedios, principalmente porque ahí suceden múltiples
acontecimientos, Aalto enlaza los diferentes elementos exteriores que se van situando en torno a la edificación, siempre de manera muy variada y
atándose fuertemente a los condicionantes del lugar .Este
espacio intermedio se analiza como un espacio de transición donde aparece la idea de umbral. Sus proyectos se destacan porque no se
está dentro o se está fuera, en realidad se está entrando o saliendo, se puede estar al interior con la sensación de estar fuera y
viceversa; son transiciones donde se
puede ir disfrutando de innumerables acontecimientos relacionados con
compresiones y descompresiones del espacio.
En numerosos proyectos, Aalto apuesta por el espacio intermedio como
corazón del proyecto. Pero, normalmente no es un espacio de carácter estático de contemplación, sino que son lugares, en cierta forma bastante dinámicos.
Son zonas donde el
concepto de umbral se hace patente y presente.
Ayuntamiento de Saynatsalo, Alvar Aalto, 1944.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.