martes, 13 de diciembre de 2022

 La escultura, el horizonte y la construcción de sentido


Reflexiones sobre la presencia de esculturas y monumentos en el paisaje y cómo construyen y alteran el horizonte a través de su creación de sentido.

Segundo Semestre de 2022


Laura Paola Barajas Parra

Estudiante

EAU (Escuela de Arquitectura y Urbanismo)

Universidad Nacional de Colombia


“[...] aquello que es realmente esencial solo puede surgir desde la mente del artista y encontrar su destino en la mente del observador”. -August Schmarsow


¿Qué es la construcción de sentido? Si se pudiera definir en una palabra esta sería huella. La huella hace parte de un proceso de identificación, establece límites y funciona como un ritual. Es fascinante como un acto tan simple como el de trazar una línea puede trascender a una manifestación, una señal que denota presencia. Esta manifestación toma más contundencia con un objeto, la imposición de un objeto cuida el “aquí” del cuerpo, como cuando se desea guardar un puesto en una mesa libre poniendo un bolso o morral. La disposición de dicho objeto puede cambiar radicalmente la visión y conformación de un lugar. Como en Stonehenge, la modulación de piedras en medio de un paisaje desierto resulta un elemento difícil de ignorar que define un horizonte completamente distinto al que había antes, esta huella del pasado ha trascendido en el tiempo y se ha convertido en algo más grande, en uno de los patrimonios de la humanidad.  El propio cuerpo crea esa huella, que es el inicio del límite, el inicio de la arquitectura según Leon Battista Alberti, partiendo de un asentamiento donde se traza dicho límite, una huella que construye un paisaje distinto. La creación de sentido comienza con la identificación, el reconocimiento a uno mismo luego de plasmar esa marca, reconocer la presencia. 




Imagen tomada de: https://it.wikipedia.org/wiki/File:Stonehenge,_Condado_de_Wiltshire,_Inglaterra,_2014-08-12,_DD_11.JPG


Además de la arquitectura, hay otras maneras de establecer límites, de cambiar el paisaje y de construir sentido. La pintura y la escultura son ejemplos de ello, la pintura rupestre es el hito y la manifestación literal de dejar una huella hasta que abarcó representaciones más complejas, tales como las dinámicas de cacería del hombre prehistórico, que trata de mostrar adentro lo que sucede afuera. Gracias a los hallazgos de estas pinturas hoy en día se tiene conocimiento de la mentalidad del ser humano primitivo, la construcción de sentido se enfoca en participar y reforzar una acción como un acto ritual y en ocasiones es un acto de empatía. La pintura rupestre tuvo que tener un punto de partida, donde un ser humano, después de encontrar un asentamiento y contener el fuego, decide instintivamente poner su huella, esta huella fue encontrada por otros humanos que siguieron esa misma cadena en esa y otras cuevas hasta convertirse en un ejercicio colectivo, una construcción de mundo y la conformación de una cultura.

Imagen tomada de: https://panamericanworld.com/revista/viajes-y-cultura/isla-de-pascua-900-estatuas-misteriosas-esperan-a-cada-visitante/


Por otro lado, la escultura (tal como se vio en Stonehenge) provoca el mismo efecto pero a escalas mayores y con una exploración tridimensional. Otro ejemplo bastante conocido es la Isla de Pascua, donde sus enigmáticas estatuas son aquellas que cuidan el “aquí” de una civilización de un pasado muy lejano, estas por su forma y perfil toman un carácter más simbólico que exaltan la conformación de una cultura y una comunidad. En los ejemplos mencionados se encuentran tres sentidos: La indicación de la presencia, la intervención de un paisaje y la contención. Este concepto puede relacionarse con otra sesión de la clase de teoría III, las obras de Eduardo Chillida y el horizonte, siendo la escultura el punto conector.


Chillida a lo largo de su trayectoria se interesó en la mano y su abstracción, genera una creación de sentido a través de la tensión, partiendo de esa sensación de contención que genera la mano cuando se cierra. A partir del estudio de esta parte del cuerpo en diferentes posiciones, definió una exploración más abstracta de conceptos: el espacio tierra, que se enfoca en la masa y ese sentido de contención; el espacio agua, que consiste en fisuras y hendiduras que buscan una relación de la masa con el espacio y la contención haciendo referencia a la brevedad de lo líquido; y el espacio viento, que se manifiesta con el intento de agarrar. Este último concepto es llevado a una escala monumental a través de la obra “El peine del viento” situada en el municipio de San Sebastián, España, se trata de un conjunto de esculturas las cuales se interpretan como unas pinzas que en algún momento fueron manos que intentaban agarrar algo, en este caso agarran el horizonte definido por la infinitud del mar.

Imagen tomada de: https://www.sansebastianturismoa.eus/es/hacer/que-ver-san-sebastian/el-peine-del-viento


Al observar las esculturas se pueden apreciar las otras dos formas de construir sentido: la indicación de presencia y la alteración del paisaje. El horizonte una vez alterado puede verse de dos maneras: la primera, como fragmentos de horizontes que conviven entre sí, un collage de horizontes (desde la perspectiva de Patocka); la segunda, y porqué no, las esculturas como el puente que amarra el cielo y la tierra (desde la perspectiva de Heidegger). En un primer vistazo se podría pensar que la primera perspectiva es la que más tiene sentido, pues esa concepción de horizonte parte de lo visual, al ver elementos muy distintos entre sí, ese choque entre lo natural y lo artificial, hace que nuestra perspectiva los tome como elementos separados y no como todo un conjunto. Si se observa el horizonte del mar sin ningún elemento artificial, el cielo y el mar por más similar que sea su tonalidad estos nunca llegan a conectar realmente, ambos elementos se perciben como elementos inalcanzables uno del otro. En contraste con la premisa del puente de Heidegger, quien afirma que el puente dentro de un paisaje es un punto de referencia que conecta todas las partes y las amarra, idea que también comparto en este caso, porque, es posible crear armonía por más heterogéneas que sean las partes, por más lejos que esté el cielo de la tierra estos pueden compartir un conector, y ese conector es el puente, para Chillida son esas esculturas, que unen el cielo y el mar en un intento metafórico de agarrarlos a través de esas gigantescas pinzas.


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