Apuntes sobre el ir y venir de las cosas y del hombre
Angela Esthefanía
Mueses Aza
Jorge Oteiza
es un escultor español del siglo XX, su obra tuvo gran influencia en el arte de
su época además de un gran eco en otras disciplinas como la arquitectura. Una
de sus trabajos más representativos es la escultura de los apóstoles del
Santuario de Aránzazu, esta se compone por catorce apóstoles de piedra caliza que
carecen de cualquier característica particular, están ubicados uno al lado del
otro y a los pies de La Piedad; esta representación no estaba centrada en los
apóstoles y su compañía con la virgen, sino en la representación de sentimientos
por medio del vacío, de un acontecimiento que no era físico sino espiritual, la
muerte, y ese vacío que se deja en otros como la evidencia de la existencia propia,
además de la muestra del hombre como un ser que esta más allá de lo corporal y
terrenal. A partir de la observación de esta obra que tiene al vació como
protagonista, surgen varias incógnitas en sobre si las cosas toman sentido con
su ausencia o su presencia, se abordará estos dos estados tomándolos como
operaciones, como conceptos y como elementos compositivos y generadores, y de
su inmediato impacto en el hombre mientras se avanza en la búsqueda por
responder a preguntas como ¿es lo que vemos lo importante o aquello que no?, ¿Qué
cambiaría si aquello que existe dejara de estarlo?, ¿podemos trabajar con
aquello que no vemos?
Ausencia y presencia resultan siendo palabras análogas a adición y sustracción, o más que todo, estas son las operaciones fundamentales que las generan, en arquitectura “la adición se basa en la construcción mínima necesaria para crear un espacio habitable en un paisaje natural o artificial” (Aparicio, 2000) mientras que la sustracción es alusiva a la horadación de un todo, a la desaparición y desocupación de la masa para su liberación, aunque también se pueden crear ausencias por la no construcción. Así la sustracción genera ausencias de materia mientras la adición la hace presente, la sustracción interviene la materia y la adición interviene el paisaje con materia de forma mínima, pero dentro de esa ausencia pasa a estar la presencia y entre esas presencias mínimas pasa a existir la ausencia, una ausencia generadora, porque permite la presencia de otros elementos, se habla del vacío, que como vemos resulta ser una contradicción, el vacío está presente en la ausencia, así que se puede crear vacío tal y como lo hace Oteiza a partir de dos estrategias principales, mediante la fusión de unidades formales livianas y la desocupación física espacial de las figuras o unidades fundamentales, es decir mediante la adición y sustracción y tiene valor porque su existencia fue premeditada y pensada, fue una decisión y tiene razón de ser, así que no está ahí por descuido o como un residuo, sino como un resultado tal y como el mismo lo menciona “espacio es lugar, sitio ocupado o sin ocupar. Pero este sitio sin ocupar no es el vacío. El vacío se obtiene, es el resultado de una desocupación espacial. Es el resultado de una ausencia formal, el vacío se hace, es un resultado, no existe a priori”
La adición y
la sustracción además se vinculan con lo tectónico y estereotómico y son conceptos
que se apoyan en las ideas de ausencia y presencia, “El concepto tectónico está
ligado a lo que no es arquitectura y nace a partir de lo que es exterior a su
construcción. El concepto tectónico conlleva la ausencia de arquitectura”
(Aparicio, 2000) de esta manera la ausencia de materia permite la incorporación
de la naturaleza a la arquitectura, la masa se desmaterializa y la naturaleza
se materializa; mientras que en “la idea estereotómica es un todo en el que
luego se sustraen las ausencias murarias” (Aparicio, 2000) las cuales enmarcarán
presencias, es decir que la arquitectura pasa a enfocar y resaltar áreas
específicas de su entorno de manera evidente.
Lo anterior al
articularse genera un juego en donde la intermitencia en la visibilidad mantiene
en tensión al observador y en constante expectativa por lo venidero, se da así
una tensión por incertidumbre que se apoya en la imaginación y la memoria, a
manera de ejemplo, supongamos que iniciamos
el recorrido de un espacio arquitectónico encontrando inicialmente un espacio de
carácter tectónico, que se abre al paisaje y busca incluso mimetizarse con él,
pero en seguida vemos que nos sumergiremos en un espacio de carácter
estereotómico, masivo, que nos contiene y evita la visibilidad del horizonte y
solo mantiene una relación visual continua con el cielo, de inmediato se genera
una sensación de ansiedad tanto previa al ingreso como durante su recorrido, ya
que después de haber estado en un espacio con tanta apertura lo que se busca es
encontrarlo de nuevo, cuando este espacio se ausenta lo valoramos y queremos que
vuelva a hacerse presente pero solo queda seguir con el recorrido. De pronto
vemos que nos acercamos a una abertura, un vacío que se ha generado en el muro
y nuevamente nos llenamos de un sentimiento de incertidumbre por lo que nos encontraremos presente
allí.
Volviendo a
las esculturas de los apóstoles del Santuario de Aránzazu el vacío en conjunto con
la masa permite una lectura del sentimiento de cada sujeto, percibimos su humanidad,
no solo por la muerte de otros sino también por el miedo propio de no ser
recordado y de que su ausencia no deje un vacío en los demás. Este miedo de una
u otra manera disminuye con la presencia de los espacios arquitectónicos, ya
que son una muestra de que el hombre habitó y habita el mundo y como lo hace, es
decir que a través de la arquitectura podemos leer al hombre y sus hábitos y es
un recordatorio continuo de este por si dejara de existir.
La ausencia y
la presencia a pesar de ser opuestos, se complementan uno con el otro y se dan
sentido mutuamente, son similares a la relación entre la vida y la muerte, la
luz y la oscuridad y el bien y el mal, si uno de los dos deja de existir el
otro pierde significado, es así como muchos elementos del mundo toman sentido
por el vacío que tienen, además no debemos considerar al vacío solo como un
resultado, sino como la puerta de entrada para la existencia de otras cosas,
una ausencia que permite presencias, continuidad y libertad en el espacio.


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